miércoles, 10 de diciembre de 2008

Mi aventura de ser docente

De la lectura de José M. Esteve en “La aventura de ser maestro” la esencia de ser humanista de la profesión, por que no importa la edad, ni el nivel de los educandos, la naturaleza es la misma. Descubrí en la lectura, que mi primera experiencia ante un grupo lo que me ayudó y me dieron confianza los conocimientos muy repasados y en esa época nada más fui transmisora de conceptos.
“La tarea básica del docente es recuperar las preguntas, las inquietudes, el proceso de búsqueda de los autores que elaboraron los conocimientos que ahora figuran en nuestros libros”.
He comprendido que mi primera tarea es crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, obligarlos a pensar rescatando las preguntas iniciales.
El integrarme a esta especialidad lo considero como una “renovación pedagógica para mejorar el aprendizaje de mis alumnos, para investigar nuevas formas de comunicación, para hacer pensar a mis alumnos”.
En el transcurso de los años sigo corrigiendo errores, pero ya con la confianza y seguridad de mí misma, ensayo nuevas técnicas y modifico contenidos. Cada día cuando preparo mis temas elijo las actividades que motiven a los educando y logren enlazar el contenido con la práctica.
Como señala el artículo de Fernández Cruz, la identidad profesional se alcanza tras consolidar un repertorio pedagógico y tras un período de especialización, en forma constante asisto a cursos de actualización docente para adquirir nuevas técnicas y herramientas para lograr ser cada día mejor como docente.
Como lo he manifestado en mis percepciones soy feliz en mi quehacer docente, tengo también el “desafío de saber y la pasión por comunicarlo”.
Mi confrontación con la docencia

Yo provengo de una familia numerosa y de escasos recursos y mi hermano mayor para ayudar a mis padres económicamente daba clases particulares de regularización a alumnos deficientes en las materias de Química y Álgebra, en la sala de nuestra casa, y como era una niña me sentaba absorta a escuchar las clases y eso sucedía todos los días de la semana.
Después de un tiempo mi hermano consiguió unas horas en la Escuela nocturna en el Puerto de Veracruz, cuando él no podía asistir a sus clases nocturnas me pedía que lo supliera en la materia de Álgebra. Los alumnos eran trabajadores y ya personas adultas y yo era una joven de 15 a 17 años. No me dio temor, ni me entró pánico por que ellos me dieron confianza y logré el interés del grupo. Mi objetivo fue siempre ser Química farmacéutica bióloga y mis papás me apoyaron con la ayuda de mi hermano.
Estudié en la Universidad Veracruzana en 1970, para ser precisos en la Facultad de Ciencias Químicas, en la Ciudad de Orizaba, Ver. En los años posteriores mi vida se complicó, ya que las decisiones mal tomadas tienen consecuencias. Al concluir la carrera ya estaba divorciada y con dos hijos. Las prácticas profesionales que realicé en SSA y con el apoyo del personal del laboratorio adquirí confianza y destreza en mi labor como Química. Trabajé como Química jefe en Córdoba y puerto de Veracruz hasta 1980.
En 1981 me trasladé a Lerdo de Tejada, a abrir un Laboratorio de análisis clínicos y a cumplir un sueño. En Agosto de 1981 me ofrecieron seis horas de la asignatura de Técnica Instrumental en el CBTis 77 en la misma comunidad y lo pensé, por que no me veía como docente de adolescentes; acepté el ofrecimiento de la plaza por las prestaciones que otorgaban, por mis hijos, para que tuvieran la seguridad médica. Llegué a suplir a un químico que para las estudiantes era su adoración. Cuando por primera vez me paré frente al grupo, recordé mis experiencias anteriores como docente y ahora sí sentí miedo. Tuve que aprender a confiar en mí, en lograr ser una buena comunicadora y aplicar lo aprendido en mi profesión. Me considero afortunada ya que estoy ubicada en mi especialidad. Actualmente soy docente de tiempo completo. Estoy orgullosa de ser maestra.
En mi recorrido de estos años me he enfrentado a la falta de interés, pérdida de valores, la cual traté de concientizar a los jóvenes para que cambiaran su actitud hacia la vida. También he encontrado amistad, cariño y el agradecimiento de los jóvenes y muchos ya profesionistas.
Me dediqué a mi actualización profesional y asistir a cursos por parte de DGETI y no estudié la Maestría ya que necesitaba ahorrar para dar educación a mis hijos. Actualmente ya cumplí y mis hijos ya son adultos. Ahora es mi turno y heme aquí estudiando esta especialidad por que la elegí con libertad y sin presiones.
El recordar mis años como maestra, me dio mucha energía y a la vez satisfacción
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